jueves, agosto 11, 2005

El rascacio no ataca, pero se defiende

Pablo Soroa, Agencia de Información Nacional (ain.cubaweb.cu)

Entre las especies peligrosas que pueblan los fondos marinos, el rascacio es de las más temidas, debido a su gran mimetismo y potente veneno, el cual almacena en las espinas de sus aletas dorsales y expele cuando se cree en peligro.

A la espera de su víctima, agazapado en los nichos rocosos o en el fondo marino, asecha el rascacio, definido eufemísticamente pez pequeño de Las Antillas.

Tal ocultamiento obedece a que el animal, de unos 30 centímetros de longitud, carece de la vejiga natatoria, la cual permite a sus congéneres la flotabilidad.

Esa privación incrementa la posibilidad de contacto con el ser humano y de inocularle el veneno almacenado como medio de defensa en las espinas de las aletas dorsales.

La sustancia irritante se denomina tetradoxina y sus efectos los describen indistintamente bañistas y pescadores como una punzada dolorosa o la picada persistente de una avispa, un pinchazo para ser archivado en la memoria.

En una serie de artículos sobre la Fauna Marina Peligrosa, Iván Pérez, investigador jubilado y pescador submarino de la provincia de Santiago de Cuba, expuso sus teorías en torno a la especie Scorpaena y su temido veneno.

Al encuestar a experimentados hombres del mar, estos le confesaron haber recurrido a la morfina para amortiguar el malestar de la tetradoxina; otros, a la aplicación de un tabaco encendido sobre la herida.

Este pez se caracteriza por un mimetismo tal, que es capaz de semejarlo a la roca que lo resguarda y en la cual espera inmóvil e impasible al elemento externo estimulante, para hacerle pagar caro la impensada violación domiciliaria.

Sin embargo, este flemático animalito se asusta ante los movimientos bruscos y rápidos, y huye a sorprendente velocidad antes de que se entre en contacto con él, explicó Pérez.

Pero no todos los bañistas, pescadores o cazadores subacuáticos son favorecidos con esa retirada a tiempo, por lo que resulta aconsejable el empleo de zapatos o aletas de goma al adentrarse en fondos marinos pedregosos.

Si carece de tales medios y visita los dominios de la especie, lo plausible es saber distinguirla de las rocas, y al detectarla poner distancia suficiente entre usted y el introvertido, pacífico y diminuto animalito, que no ataca, pero se defiende cuando siente perturbada su tranquilidad.