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miércoles, diciembre 24, 2008

La temporada de fiestas no tiene por qué hacerle engordar



La temporada de fiestas siempre resulta más retadora para los que cuidan su peso, aunque hay maneras de divertirse sin engordar. Julie Redfern, gerente de los servicios de consultoría en nutrición del Hospital Brigham y de mujeres de Boston, recomienda intentar simplemente mantener el peso en lugar de tratar de perderlo como una buena estrategia. En un comunicado de prensa emitido por el hospital, también ofreció los siguientes consejos:

Antes de ir a una celebración de las fiestas de fin de año, coma un refrigerio ligero. Llegar con hambre con frecuencia hace que coma más. Además, ofrézcase a llevar su plato preparado de manera más saludable favorito para asegurarse de tener buenas opciones.


No merodee cerca de la comida. La cercanía aumenta la tentación.

Practique el buen control de las porciones.

Llene su plato a la mitad con verduras y el resto divídalo en partes iguales entre proteínas y carbohidratos. Evite repetir. En cuanto a los postres, elija solamente los que más le guste y coma porciones más pequeñas.

Reduzca su ingesta de grasa quitándole la piel al pavo o al pollo.

Refrigere también las salsas y luego quíteles la grasa que se haya coagulado.

Tenga cuidado de las bebidas ricas en calorías de las fiestas.

Tómese apenas un vaso pequeño de sidra, ponche de huevo y similares, y luego equilibre con mucha agua para ayudar a controlar el apetito.

Coma una vez, no toda la noche. Plantarse al lado de la mesa que tiene la comida ayuda a acumular calorías rápidamente.

Lo mejor es servirse un plato balanceado una sola vez.

Si usted es el anfitrión de la fiesta, regale las sobras.

Mantenga suficientes platos desechables listos para repartir alimentos dulces y otros poco saludables a los invitados.

Concéntrese en conversar o en realizar actividades con su familia y amigos en lugar de en la comida. Por ejemplo, salga a dar un paseo familiar luego de la comida principal de las fiestas de fin de año.

Fuente: En Alianza con Medlineplus

miércoles, septiembre 24, 2008

Valores de azúcar previos a las comidas son los más informativos



En las personas con diabetes tipo 1 o tipo 2, los niveles de glucosa (azúcar) en sangre antes de las comidas generalmente están más estrechamente asociados a las cantidades a largo plazo que las mediciones posprandiales, reveló un estudio. Los resultados de la investigación fueron informados en la conferencia anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes en Roma.

Los valores de glucosa antes de las comidas tienen un mayor impacto sobre la hemoglobina A1C -indicador estándar del control glucémico- "presumiblemente debido a que se parecen más a los niveles de glucosa en 24 horas y, por consiguiente, a los niveles de glucosa a largo plazo", dijo en la conferencia la doctora Rikke Borg, del Centro de Diabetes Steno de Gentofte, en Dinamarca.

Borg y colegas utilizaron los datos de un seguimiento intensivo del azúcar en sangre para calcular qué valores de glucosa autocontrolados relacionados con las comidas del día proporcionan la mejor predicción del azúcar en sangre promedio. Se obtuvieron medidas de la glucosa en sangre antes y después de las comidas en aproximadamente 10 días completos durante tres meses de cada uno de 273 diabéticos tipo 1 y 168 diabéticos tipo 2. En general, los valores de azúcar en sangre preprandiales conjuntos predecían la hemoglobina A1C y, por lo tanto, los niveles de azúcar en sangre a largo plazo, mejor que los valores posprandiales conjuntos en la diabetes tipo 1 y tipo 2, y especialmente en la diabetes tipo 2, según encontraron Borg y colegas.

En la diabetes tipo 1, los valores previos al desayuno y de antes y de después de la comida eran los que mejor predecían la A1C y en la diabetes tipo 2, tanto la tratada sin insulina como la tratada con insulina, los valores de antes del desayuno y de después de la comida y de antes de la cena proporcionaban la mejor predicción.

"Esos hallazgos proporcionan un mejor entendimiento al paciente y al médico que buscan el control óptimo de la glucosa en sangre con el mínimo gasto y molestias", concluyeron Borg y sus colegas en el resumen presentado en la reunión.


Fuente: En Alianza con Medlineplus/Reuters Health

jueves, septiembre 18, 2008

Las comidas en familia fomentan hábitos alimentarios más sanos



Un estudio encuentra que la rutina ayuda a los adolescentes a hacer tomar mejores decisiones alimentarias como adultos Es más probable que los adolescentes que comen con sus familias regularmente consuman frutas y verduras cuando son adultos jóvenes, según muestra un estudio reciente.

Estos adolescentes también tienden a beber menos gaseosas en su adultez, según encontró el estudio.

En un informe que aparece en el Journal of the American Dietetic Association, investigadores de la Universidad de Minnesota encuestaron a más de 1,500 estudiantes una vez durante la secundaria y una vez más a los 20 años sobre sus dietas, comidas sociales, estructura de las comidas y frecuencia de las mismas.

La encuesta incluía preguntas sobre con qué frecuencia la familia comía junta, cuánto disfrutaban de comer con su familia, si comían de prisa y con qué frecuencia comían desayuno, almuerzo y cena.

Fue más probable que los adolescentes que informaron comer en familia informaran sobre comer fruta, verduras de color verde oscuro y naranja, y nutrientes claves, así como que tomaran menos gaseosas. Mientras más frecuentemente comían en familia en la adolescencia, más probable era que comieran la cena como adultos, le dieran mayor prioridad a las comidas estructuradas y a las comidas sociales.

Para las mujeres, comer en familia durante la adolescencia conllevaba un consumo diario de calcio, magnesio, potasio, vitamina B6 y fibra significativamente más alto en la adultez. Entre los hombres, comer en familia durante la adolescencia lograba un mayor consumo de calcio, magnesio, potasio y fibra en la adultez.


Fuente: Medlineplus/ HealthDay

sábado, marzo 15, 2008

Remojar las papas antes de freírlas reduce un carcinógeno sospechado


Según un estudio británico reciente, remojar las papas en agua antes de freírlas reduce la formación de acrilamida, un carcinógeno sospechado. Según la información de respaldo del estudio, la acrilamida se crea cuando los alimentos ricos en almidón se cocinan a altas temperaturas, por ejemplo al freírlos, hornearlos, prepararlos a la parrilla o asarlos. Algunas investigaciones han sugerido que la acrilamida, que se encuentra en una amplia variedad de alimentos, podría ser perjudicial para la salud y causar cáncer en animales.

En este estudio, los investigadores hallaron que sólo con remojar las papas antes de freírlas se puede reducir significativamente la formación de acrilamida y cualquier riesgo para la salud que implique.

Los investigadores probaron con tres métodos distintos. Lavaron papas a la francesas crudas, las remojaron durante treinta minutos y las remojaron durante dos horas. Esto redujo los niveles de acrilamida en hasta 23, 38 y 48 por ciento respectivamente, pero sólo si las papas se freían a un color claro.

Según los investigadores, no está claro si las mismas reducciones se podrían lograr si las papas a la francesa se cocinan hasta alcanzar un color marrón profundo.

El estudio aparece en la edición actual de la revista Journal of the Science of Food and Agriculture.

"Se han hecho varias investigaciones en la industria alimentaria para reducir la acrilamida en los productos, pero menos en alimentos cocinados en casa. Queríamos explorar maneras de reducir el nivel de acrilamida en la cocina hogareña", aseguró en una declaración preparada Rachel Burch, líder del equipo, de Leatherhead Food International.

Fuente: En Alianza con Medlineplus

miércoles, julio 25, 2007

Frutas y verduras reducen riesgo de mortalidad


RECOMIENDAN CONSUMIR MÁS DE UNA FRUTA AL DÍA Y UN PLATO DE VEGETALES


El consumo elevado y diario de frutas y verduras reduce en un 30 por ciento el riesgo de mortalidad derivado de enfermedades como el cáncer, cardiovasculares u obesidad, según un estudio del Instituto catalán de Oncología (ICO).

El estudio, presentado, ha sido realizado en una población de más de 41 mil ciudadanos (15 mil 610 hombres y 25 mil 748 mujeres) y de diferentes puntos de España durante los últimos diez años y publicado en la revista The American Journal of Clinical Nutrition.

A lo largo de esta década, los investigadores han seguido los hábitos de consumo de los participantes en el estudio, de edades comprendidas entre los 30 y los 69 años y residentes en los territorios norteños de Asturias, Guipúzcoa y Navarra y en Granada y Murcia, en el sur español.

Los resultados del estudio determinan que hay una relación directa entre el mayor consumo de vegetales y fruta y la menor mortalidad, y que las personas que consumen más frutas y verduras tienen menos riesgo de padecer cáncer, patologías cardiovasculares y complicaciones respiratorias o diabetes.

La población estudiada ingería una media de 224.2 gramos de verdura (un plato de verdura o de ensalada) y 275.8 gramos de fruta fresca (dos o tres piezas) cada día. Un 25 por ciento de los encuestados duplicaba estas cifras y otro 25 por ciento no llegaba a la mitad de la media.

Después de cruzar los resultados en función de la edad, el sexo, los estilos de vida y la alimentación, los investigadores han encontrado una relación directa entre el mayor consumo de vegetales y una menor mortalidad.

Antonio Agudo, el médico responsable del estudio, asegura que "consumir más de una pieza de fruta diaria y más de un plato de verdura reduce en un 30 por ciento la mortalidad".

Según el estudio, las hortalizas más beneficiosas son las que tienen semillas, como el tomate, el pepino o el pimiento.

Agudo reconoce que "estos efectos eran más o menos conocidos" y añade que "en este caso se trata de un estudio con mucha gente y que tiene en cuenta los diferentes grupos de verduras y frutas".

El responsable del estudio cree que "si a uno le cuesta llegar a estos mínimos, unos 500 gramos diarios, por lo menos sería recomendable no bajar de un plato de vegetales y una pieza de fruta al día; eso es fundamental", y añade que estos mínimos se pueden alcanzar incluso comiendo fuera de casa.

"De la misma manera que se ha hecho con el tabaco, hay que concienciar a la población sobre la necesidad de comer bien, hacer ejercicio y reducir la obesidad, que es un factor de riesgo del cáncer", dijo González.

Antonio Agudo destaco además la necesidad de evitar los factores de riesgo: "Una persona puede comer cinco raciones de frutas y de verduras pero si continúa consumiendo medio paquete de cigarrillos al día, no le servirá de nada".

lunes, mayo 14, 2007

¿Engordan las frutas?




Las frutas, como cualquier otro tipo de alimento, podrían contribuir al aumento de peso si las comiéramos en exceso y si las preparáramos de una manera inconveniente. Este sería el caso si nos comemos tres bananas en vez de media banana o si comemos la banana frita con azúcar en vez de cruda.


Afortunadamente, lo usual es comer las frutas crudas, lo cual elimina casi totalmente el riesgo de aumentar su aporte calórico a través de su preparación.


Al mismo tiempo, son muchas las frutas que aportan menos calorías que la mayoría de los otros alimentos, lo cual nos permite ser bastantes flexibles en cuanto a la cantidad que podemos comer a diario.


Frutas con pocas calorías



Encontramos buenos ejemplos de estas frutas hipocalóricas (bajas en calorías) en el melón, la sandía, la papaya, la guayaba y el pomelo (toronja), que aportan menos de 40 calorías por cada 100 gramos de fruta, o en el grupo integrado por las fresas, el albaricoque, el durazno, la naranja, la mandarina y la piña, que aportan menos de 50 calorías por cada 100 gramos.


Para facilitar la comparación, podemos decir que una rebanada de pan, que pesa entre 25 y 30 gramos, puede aportar más calorías que 100 gramos de cualquiera de estas frutas, sin tener la ventaja adicional de su riqueza en vitaminas.


Por otra parte, casi nunca comemos el pan solo, sino que acostumbramos a untarle mantequilla, margarina o alguna crema a base de grasa, aumentando así su aporte calórico, mientras que lo usual es comernos las frutas en su condición natural porque podemos disfrutarlas sin necesidad de acompañamiento.


Esta pregunta es muy fácil contestar, pero a veces difícil de explicar y comprender.


Las frutas frescas (a las que nos estamos refiriendo) son alimentos de un importante valor nutricional, especialmente por su contenido en vitaminas, minerales, fibras y agua.


El secreto vuelve a estar en la cantidad consumida.


Las frutas frescas son alimentos que pueden ser utilizadas ya sea tanto como plato principal, postres o como colaciones entre las comidas principales.


Las virtudes de las mismas se caracterizan por su contenido en: Vitaminas en general son ricas en vitamina "A" y "C", estas últimas sobre todo en las frutas cítricas. También contienen Vitamina B1, B2 y Niacina, pero en pequeñas cantidades.


En cuanto a los minerales, presentan un contenido importante de Potasio, sus valores oscilan entre 200 y 300 mg por cada 100 gr. de frutas frescas.


Una de las frutas con mayor contenido en Potasio es la Banana, con 400 mg. por cada 100 gr. Pero no es la más importante ya que el Tamarindo contiene alrededor de 600 a 700 mg. por cada 100 gr.


Las Proteínas, son muy escasas casi no contienen este tipo de nutriente. Ocurre lo mismo con las Grasas que en general están ausentes, con excepción del Coco y la Palta (Aguacate) que contienen cantidades muy elevadas de grasas.



En cuanto a los Hidratos de Carbono casi todos son disacáridos (2 moléculas de glucosa) y su contenido varía y de acuerdo a esto las podríamos agrupar en: Las del grupo "A" con un contenido de 5 a 15 mg de azúcar por cada 100 gr de alimento y las del grupo "B" que contienen más de 15 y 20 mg por cada 100 gr de alimento.


Fuente:
Cortesía de-Nlm.nih.gov

sábado, abril 28, 2007

La temperatura de los alimentos


Todo aquel que vive en un clima nórdico, no solamente experimenta el grado extremo de variación de temperatura estacional desde el norte al trópico, sino que también intenta intemalizar estas condiciones comiendo alimentos condimentados, fríos, helados y también calientes.

La consecuencia del grado de temperatura extrema es aparente en la superficie corporal.

La cara y las manos envejecen mucho más rápidamente que la porción cubierta del cuerpo, que no experimenta tales variaciones estacionales.

La piel no expuesta de una persona mayor de setenta años no parece diferente de la de uno de 20 años. Ha sido protegida. Internamente, se opera el mismo fenómeno.

Al comer alimentos extremadamente calientes o congelados, nos destruimos por dentro.

Después de 20 a 60 años de tales abusos, se filtra la vejez.Franz J. Ingelftnger, autoridad en gastroenterología y editor del Journal de Medicina de New England, en un estudio del tracto digestivo del "hombre civilizado", describe un dilema similar al de un marinero que muere de sed mientras se sumerge en el agua.

Una persona puede morir de hambre mientras come del cuerno de la abundancia porque el estómago no puede absorber los nutrientes que contiene.

Dice: "Por carencia de un enzima, se pierde un azúcar; por carencia de un azúcar, se pierde un fluido salado; por carencia de tal fluido, se pierde mucho alimento; y por carencia de alimento, se pierde el paciente".

¿Por qué? Debido a la destrucción de enzimas y del revestimiento estomacal por alimentos sazonados y calientes.

El doctor Ingelfinger nos asegura: "el corte completo del proceso de absorción no ocurre muy a menudo. Una mala absorción parcial o casi total, sin embargo, es bastante común y se expresa clásicamente en una enfermedad conocida como enfermedad celíaca”.

El Dr. Conn Mc. Cluskey señala que la irritación constante de la garganta y la lengua debido a alimentos calientes y brebajes, como el alcohol, puede degenerar en un cáncer de garganta y lengua.


Fuente:
Cortesía de-Nlm.nih.gov


domingo, febrero 25, 2007

No sería necesario hacer dieta y ejercicio para bajar de peso.





Un nuevo estudio desmiente la idea generalizada de que hacer dieta más ejercicio es la forma más efectiva de bajar de peso. Investigadores indicaron que hacer sólo dieta es tan efectivo como hacerla junto con el ejercicio.


"Para bajar de peso, una persona debe mantener la diferencia entre la cantidad de calorías diarias que consume y la cantidad que quema a través del metabolismo y la actividad física", explicó en un comunicado de prensa la doctora Leanne Redman, del Centro de Investigación Biomédica Pennington, en Baton Rouge, Louisiana.


"Encontramos que no importaba si esa reducción de las calorías se lograba con la dieta o quemándolas con ejercicio diario", agregó Redman.


Treinta y cinco adultos saludables con sobrepeso (16 hombres y 19 mujeres) participaron en el estudio durante 6 meses.Doce realizaron sólo dieta, que disminuyó un 25 por ciento el consumo diario de calorías.


Otros doce hicieron dieta y ejercicio, lo que redujo un 12,5 por ciento el consumo de calorías y aumentó un 12,5 por ciento el nivel de actividad física.Los 11 participantes restantes no modificaron la dieta o el ejercicio habitual.


El equipo dirigido por Redman halló que el grupo que sólo hizo dieta y el grupo que hizo dieta más ejercicio perdieron casi la misma cantidad de peso, aunque de diferente manera.


Ambos grupos bajaron alrededor del 10 por ciento del peso corporal, el 24 por ciento de la masa grasa y el 27 por ciento de la grasa abdominal "visceral", que es la grasa interna que aumenta el riesgo cardiovascular.


Por lo tanto, si el objetivo es sólo bajar algunos kilos, este estudio asegura que la dieta o el ejercicio darán resultado.


No obstante, los investigadores destacan que el ejercicio regular mejora la aptitud aeróbica y reduce el riesgo de enfermedad cardíaca, diabetes y ciertos tipos de cáncer.


El estudio halló también que el ejercicio no logró tonificar determinadas partes del cuerpo.

La reducción de la grasa fue pareja en todo el cuerpo y no más en ciertos lugares problemáticos.

"Nuestro estudio indicaría que bajar de peso no modifica la forma en la que una persona almacena la grasa.


Una manzana siempre será una manzana y una pera, una pera", concluyó Redman.


Esto sugiere que las personas están "genéticamente programadas para almacenar grasa según un determinado patrón y esa programación no se puede modificar fácilmente con la pérdida de peso", escribieron los autores en Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism.



Fuente:
Cortesía de-Nlm.nih.gov